Libros proféticos
Isaías
- 1
Esto dice el Señor: «El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme o qué lugar para mi reposo?
- 2
Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío —oráculo del Señor—. En ese pondré mis ojos: en el humilde y abatido que se estremece ante mis palabras».
- 3
El mismo que inmola un toro, golpea a muerte a un hombre, el mismo que sacrifica una oveja, desnuca un perro, el mismo que presenta una ofrenda, ofrece a la vez sangre de cerdo, el mismo que hace un memorial de incienso, bendice un ídolo. Ellos eligieron sus caminos, estaban encantados con sus abominaciones.
- 4
También yo elijo mis caprichos y traigo sobre ellos el terror. Porque he llamado y nadie respondía, he hablado y no escuchaban. Hicieron el mal ante mis ojos y eligieron lo que no me agradaba.
- 5
Escuchad la palabra del Señor los que os estremecéis ante su palabra. Dicen vuestros hermanos, que os detestan y rechazan por causa de mi nombre: «Muestre el Señor su gloria y veremos vuestra alegría». Pero ellos quedarán avergonzados.
- 6
¡Escuchad! Un estrépito viene de la ciudad, una voz viene del templo: es la voz del Señor, que toma represalias contra sus enemigos.
- 7
Sin estar de parto ha dado a luz, no le habían llegado los dolores y ha tenido un varón.
- 8
¿Quién escuchó o ha visto cosa semejante? ¿Se puede parir un país en un solo día, se da a luz a todo un pueblo de una vez? Apenas sintió los espasmos, Sión dio a luz a sus hijos.
- 9
¿Acaso abriré yo la matriz y no dejaré parir? —dice el Señor—. ¿Acaso yo, que hago parir, cerraré la matriz? —dice tu Dios—.
- 10
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis; alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto;
- 11
mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
- 12
Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;
- 13
como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.
- 14
Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado, se manifestará a sus siervos la mano del Señor, y su ira a sus enemigos».
- 15
Porque el Señor llegará como fuego, y sus carros como torbellino, para restituir con ardor su ira y su indignación con llamas.
- 16
Por su fuego y por su espada, el Señor se hace juez de todo ser viviente y muchas serán las víctimas del Señor:
- 17
los que se consagran y purifican para ir a los jardines, detrás del ídolo que está en el centro, que comen carne de cerdo, reptiles y ratas, todos juntos perecerán —oráculo del Señor—.
- 18
Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir las naciones de toda lengua; vendrán para ver mi gloria.
- 19
Les daré una señal, y de entre ellos enviaré supervivientes a las naciones: a Tarsis, Libia y Lidia (tiradores de arco), Túbal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.
- 20
Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos, a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi santa montaña de Jerusalén —dice el Señor—, así como los hijos de Israel traen ofrendas, en vasos purificados, al templo del Señor.
- 21
También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas —dice el Señor—.
- 22
Porque, como el cielo nuevo y la tierra nueva que yo haré subsisten ante mí —oráculo del Señor—, así subsistirán vuestra estirpe y vuestro nombre.
- 23
Cada novilunio y cada sábado todo viviente se postrará ante mí —dice el Señor—.
- 24
Y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí: su gusano no muere, su fuego no se extingue. Serán el horror de todos los vivientes.