Evangelios
Mateo
- 1
Subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
- 2
En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados».
- 3
Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema».
- 4
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
- 5
¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”?
- 6
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».
- 7
Se puso en pie y se fue a su casa.
- 8
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
- 9
Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
- 10
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
- 11
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
- 12
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
- 13
Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
- 14
Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
- 15
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
- 16
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
- 17
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
- 18
Mientras les decía esto, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
- 19
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
- 20
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto,
- 21
pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
- 22
Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». Y en aquel momento quedó curada la mujer.
- 23
Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente,
- 24
dijo: «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él.
- 25
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.
- 26
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
- 27
Cuando Jesús salía de allí, dos ciegos lo seguían gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David».
- 28
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?». Contestaron: «Sí, Señor».
- 29
Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe».
- 30
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!».
- 31
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
- 32
Estaban ellos todavía saliendo cuando le llevaron a Jesús un endemoniado mudo.
- 33
Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
- 34
En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
- 35
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
- 36
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
- 37
Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos;
- 38
rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».