Libros históricos
2 Samuel
- 1
El Señor envió a Natán a ver a David y, llegado a su presencia, le dijo:«Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre.
- 2
El rico tenía muchas ovejas y vacas.
- 3
El pobre, en cambio, no tenía más que una cordera pequeña que había comprado. La alimentaba y la criaba con él y con sus hijos. Ella comía de su pan, bebía de su copa y reposaba en su regazo; era para él como una hija.
- 4
Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre que había llegado a su casa».
- 5
La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán: «Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte.
- 6
Resarcirá cuatro veces la cordera, por haber obrado así y por no haber tenido compasión».
- 7
Entonces Natán dijo a David: «Tú eres ese hombre. Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo te ungí rey de Israel y te libré de la mano de Saúl.
- 8
Te entregué la casa de tu señor, puse a sus mujeres en tus brazos, y te di la casa de Israel y de Judá. Y, por si fuera poco, te añadiré mucho más.
- 9
¿Por qué has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que le desagrada? Hiciste morir a espada a Urías el hitita, y te apropiaste de su mujer como esposa tuya, después de haberlo matado por la espada de los amonitas.
- 10
Pues bien, la espada no se apartará de tu casa jamás, por haberme despreciado y haber tomado como esposa a la mujer de Urías, el hitita”.
- 11
Así dice el Señor: “Yo voy a traer la desgracia sobre ti, desde tu propia casa. Cogeré a tus mujeres ante tus ojos y las entregaré a otro, que se acostará con ellas a la luz misma del sol.
- 12
Tú has obrado a escondidas. Yo, en cambio, haré esto a la vista de todo Israel y a la luz del sol”».
- 13
David respondió a Natán: «He pecado contra el Señor». Y Natán le dijo: «También el Señor ha perdonado tu pecado. No morirás.
- 14
Ahora bien, por haber despreciado al Señor con esa acción, el hijo que te va a nacer morirá sin remedio».
- 15
Natán se fue a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David y cayó enfermo.
- 16
David oró con insistencia a Dios por el niño. Ayunaba y pasaba las noches acostado en tierra.
- 17
Los ancianos de su casa se acercaron a él e intentaban obligarlo a que se levantara del suelo, pero no accedió, ni quiso tomar con ellos alimento alguno.
- 18
Al séptimo día murió el niño. Los servidores de David temían comunicarle su muerte, pensando: «Si mientras vivía aún el niño le hablábamos y no nos escuchaba, ¿cómo decirle ahora que ha muerto? Haría un disparate».
- 19
Al ver David que sus servidores cuchicheaban, comprendió que el niño había muerto. Les preguntó: «¿Ha muerto el niño?». Respondieron: «Sí».
- 20
Entonces David se alzó del suelo, se lavó, se ungió, se mudó de ropa y, entrando en el templo del Señor, se postró. Volvió a casa, pidió que le pusieran comida y comió.
- 21
Sus servidores le dijeron: «¿Cómo obras así? Cuando el niño vivía todavía, ayunabas y llorabas. Y, una vez muerto, te levantas y pruebas alimento».
- 22
Contestó: «Mientras vivía el niño, ayunaba y lloraba, pensando: “Quién sabe. Quizás el Señor se compadezca de mí y el niño se cure”.
- 23
Ahora que ha muerto, ¿para qué ayunar? ¿Puedo hacerle volver? Yo soy el que irá adonde él. Él no volverá a mí».
- 24
David consoló a su mujer Betsabé. Fue y se acostó con ella. Dio a luz un hijo y lo llamó Salomón. El Señor lo amó
- 25
y mandó al profeta Natán que le pusiera el nombre de Yedidías, en consideración al Señor.
- 26
Joab continuó la lucha contra Rabá de los amonitas y tomó la ciudad regia.
- 27
Despachó entonces mensajeros que dijeran a David: «He atacado Rabá y he tomado la ciudad de las aguas.
- 28
Ahora, reúne al resto del pueblo, acampa frente a la ciudad y tómala tú, para que no sea yo quien la conquiste y le pongan mi nombre».
- 29
David reunió a todo el pueblo, fue a Rabá, luchó contra ella y la conquistó.
- 30
Tomó la corona de la cabeza de su rey —su peso era de unos treinta y cinco kilos de oro y tenía una piedra preciosa— y la pusieron sobre la cabeza de David. Sacó un botín muy abundante de la ciudad.
- 31
Deportó a su población y la puso a trabajar con sierras, rastrillos y hachas de hierro, dedicándola a hacer ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Después David y todo el pueblo regresaron a Jerusalén.