Libros sapienciales y poéticos
Sabiduría
- 1
Se despliega con vigor de un confín a otro y todo lo gobierna con acierto.
- 2
La amé y la busqué desde mi juventud y la pretendí como esposa, enamorado de su hermosura.
- 3
Su intimidad con Dios realza su nobleza, pues el Señor de todas las cosas la ama.
- 4
Está iniciada en la ciencia de Dios y es la que elige entre sus obras.
- 5
Si la riqueza es un bien deseable en la vida, ¿hay mayor riqueza que la sabiduría, que lo realiza todo?
- 6
Y si la inteligencia es quien lo realiza, ¿quién sino la sabiduría es artífice de cuanto existe?
- 7
Si alguien ama la justicia, las virtudes son fruto de sus afanes, pues ella enseña templanza y prudencia, justicia y fortaleza: para los hombres no hay nada en la vida más útil que esto.
- 8
Y si alguien desea una gran experiencia, ella conoce el pasado y adivina el futuro, conoce los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas, prevé de antemano signos y prodigios y el desenlace de momentos y tiempos.
- 9
Así pues, decidí hacerla compañera de mi vida, sabiendo que sería mi consejera en la dicha y mi consuelo en las preocupaciones y la tristeza:
- 10
«Gracias a ella obtendré gloria entre la gente y honor entre los ancianos, aunque sea joven.
- 11
En el juicio lucirá mi agudeza y seré la admiración de los poderosos.
- 12
Si callo, esperarán a que hable, si tomo la palabra, me prestarán atención y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca.
- 13
Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad y legaré a la posteridad un recuerdo imperecedero.
- 14
Gobernaré pueblos y someteré naciones,
- 15
soberanos terribles se asustarán al oír hablar de mí; me mostraré bueno con el pueblo y valiente en la guerra.
- 16
Al volver a mi casa descansaré junto a ella, pues su compañía no causa amargura y su intimidad no entristece, sino que alegra y regocija».
- 17
Pensaba en estas cosas y reflexionaba sobre ellas en mi corazón: la inmortalidad consiste en emparentar con la sabiduría,
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en su amistad se encuentra un noble deleite, hay riqueza inagotable en el trabajo de sus manos, prudencia en la asiduidad de su trato y prestigio en la conversación con ella. Así pensaba tratando de hacerla mía.
- 19
Era yo un muchacho de buen natural, me tocó en suerte un alma buena,
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o mejor dicho, siendo bueno, entré en un cuerpo sin tara.
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Pero, al comprender que no la alcanzaría, si Dios no me la daba —y ya era un signo de sensatez saber de quién procedía tal don—, acudí al Señor y le supliqué, diciéndole de todo corazón: