Corpus paulino
Romanos
- 1
Digo la verdad en Cristo, no miento —mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo—:
- 2
siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón;
- 3
pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne:
- 4
ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas;
- 5
suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos. Amén.
- 6
Pero no es que haya fallado la palabra de Dios. Pues no todos los que proceden de Israel son Israel;
- 7
ni porque sean descendencia de Abrahán son todos hijos, sino que tus descendientes se llamarán tales a través de Isaac.
- 8
Es decir, hijos de Dios no son los hijos de la carne, sino que los hijos de la promesa son los que se cuentan como descendencia.
- 9
Porque las palabras de la promesa son estas: por este tiempo volveré y Sara tendrá un hijo.
- 10
Y no solo esto, sino que también Rebeca concibió de uno solo, es decir, de nuestro padre Isaac;
- 11
pues bien, para que el designio de Dios se mantuviese conforme a la elección, es decir, para que su cumplimiento
- 12
no dependiese de las obras sino del que llama, antes de que hubieran nacido y de que hubieran hecho nada bueno o malo, se le dijo a Rebeca que el mayor servirá al menor;
- 13
según está escrito: He amado a Jacob y he odiado a Esaú.
- 14
¿Qué diremos, pues? ¿Acaso hay injusticia en Dios? De ningún modo.
- 15
Pues a Moisés le dice: Me compadeceré de quien me compadezca y me apiadaré de quien me apiade.
- 16
En consecuencia, no está en el que quiere ni en el que corre, sino en Dios que se compadece.
- 17
La Escritura dice, en efecto, al faraón: Te he suscitado precisamente para esto: para mostrar en ti mi fuerza y para que mi nombre se difunda en toda la tierra.
- 18
Es decir, se compadece de quien quiere y endurece a quien quiere.
- 19
Pero tú me dirás: entonces ¿por qué aún se queja? En realidad, ¿Quién podrá oponerse a su voluntad?
- 20
Más bien habría que preguntar: Oh hombre, ¿quién eres tú para enfrentarte a Dios? ¿Acaso dirá la vasija al que la modela, «por qué me has hecho así»?
- 21
¿O acaso no puede el alfarero modelar con la misma arcilla un objeto destinado a usos nobles y otro dedicado a usos menos nobles?
- 22
¿Y si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia objetos de ira destinados a la perdición,
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con el fin de dar a conocer la riqueza de su gloria en favor de los objetos de misericordia preparados para la gloria…?
- 24
Y estos tales somos nosotros, a los que ha llamado no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles,
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según afirma también en el profeta Oseas: Al que no es pueblo mío lo llamaré pueblo mío y a la que no es amada la llamaré amada;
- 26
y en el lugar donde se les dijo: no sois mi pueblo, allí mismo se los llamará hijos del Dios vivo.
- 27
Isaías, por su parte, clama acerca de Israel: Aunque fuera el número de los hijos de Israel como la arena del mar, se salvará un resto.
- 28
Pues el Señor cumplirá su palabra sobre la tierra perfectamente y pronto.
- 29
Y según predijo Isaías: Si el Señor del universo no nos hubiera dejado una semilla, habríamos llegado a ser como Sodoma y nos habríamos asemejado a Gomorra.
- 30
Entonces, ¿qué diremos? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia de la fe,
- 31
mientras que Israel, que buscaba la ley de la justicia, no alcanzó la ley.
- 32
¿Por qué? Porque la buscaba no en virtud de la fe, sino como si se pudiera alcanzar en virtud de las obras: tropezaron en la piedra de tropiezo,
- 33
según está escrito: He aquí que pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca de escándalo; pero el que crea en ella no será confundido.