Corpus paulino
Romanos
- 1
No hay, pues, condena alguna para los que están en Cristo Jesús,
- 2
pues la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
- 3
Lo que era imposible a la ley, por cuanto que estaba debilitada a causa de la carne, lo ha hecho Dios: enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne,
- 4
para que la justa exigencia de la ley se cumpliera en nosotros, los que actuamos no de acuerdo con la carne, sino de acuerdo con el Espíritu.
- 5
Pues los que viven según la carne desean las cosas de la carne; en cambio, los que viven según el Espíritu, desean las cosas del Espíritu.
- 6
El deseo de la carne es muerte; en cambio el deseo del Espíritu, vida y paz.
- 7
Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse.
- 8
Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
- 9
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
- 10
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia.
- 11
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
- 12
Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne.
- 13
Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
- 14
Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
- 15
Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».
- 16
Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios;
- 17
y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.
- 18
Pues considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará.
- 19
Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios;
- 20
en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza
- 21
de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
- 22
Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.
- 23
Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.
- 24
Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve?
- 25
Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.
- 26
Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
- 27
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
- 28
Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio.
- 29
Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.
- 30
Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
- 31
Después de esto, ¿qué diremos? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
- 32
El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?
- 33
¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica.
- 34
¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros?
- 35
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?;
- 36
como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.
- 37
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado.
- 38
Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias,
- 39
ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.