Evangelios
Marcos
- 1
Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
- 2
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos?
- 3
¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.
- 4
Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
- 5
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.
- 6
Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
- 7
Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
- 8
Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja;
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que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
- 10
Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
- 11
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
- 12
Ellos salieron a predicar la conversión,
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echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
- 14
Como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».
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Otros decían: «Es Elías». Otros: «Es un profeta como los antiguos».
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Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».
- 17
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo,
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y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
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Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía,
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porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
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La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
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La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
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Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
- 24
Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista».
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Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
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El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla.
- 27
Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel,
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trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
- 29
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.
- 30
Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
- 31
Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
- 32
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
- 33
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
- 34
Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
- 35
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde.
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Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».
- 37
Él les replicó: «Dadles vosotros de comer». Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».
- 38
Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver». Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces».
- 39
Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos.
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Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
- 41
Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
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Comieron todos y se saciaron,
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y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.
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Los que comieron eran cinco mil hombres.
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Enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente.
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Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.
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Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra.
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Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.
- 49
Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito,
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porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».
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Entró en la barca con ellos y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor,
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pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.
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Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y atracaron.
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Apenas desembarcados, lo reconocieron
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y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas.
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En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que la tocaban se curaban.