Corpus paulino
Hebreos
- 1
Dejando aparte el mensaje inicial sobre Cristo, elevémonos a lo perfecto, sin poner otra vez los cimientos, o sea: el arrepentimiento de las obras muertas, la fe en Dios,
- 2
la instrucción sobre las abluciones, la imposición de manos, la resurrección de muertos y el juicio definitivo.
- 3
También esto lo haremos si Dios nos lo concede.
- 4
Pues a quienes fueron iluminados de una vez para siempre, gustaron el don celeste, participaron del Espíritu Santo,
- 5
saborearon la palabra buena de Dios y los prodigios del mundo futuro,
- 6
y, a pesar de todo, apostataron, es imposible renovarlos otra vez llevándolos al arrepentimiento, crucificando de nuevo al Hijo de Dios y exponiéndolo al escarnio.
- 7
La tierra que recoge la lluvia frecuente y produce plantas útiles para los que la cultivan, recibe una bendición de Dios,
- 8
pero si da cardos y espinas, es inútil, está cerca de la maldición, y acabará abrasada.
- 9
Pero, aunque hablemos así, queridos hermanos, en vuestro caso esperamos lo mejor, lo que conduce a la salvación.
- 10
Porque Dios no es injusto como para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes.
- 11
Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra esperanza;
- 12
y no seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido.
- 13
Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no teniendo a nadie mayor por quien jurar, juró por sí mismo,
- 14
diciendo: Te llenaré de bendiciones y te multiplicaré abundantemente;
- 15
y así, perseverando, alcanzó lo prometido.
- 16
Los hombres juran por alguien mayor, y, con la garantía del juramento, queda zanjada toda discusión.
- 17
De la misma manera, queriendo Dios demostrar a los beneficiarios de la promesa la inmutabilidad de su designio, se comprometió con juramento,
- 18
para que por dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante.
- 19
La cual es para nosotros como ancla del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina,
- 20
donde entró, como precursor, por nosotros, Jesús, Sumo Sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec.