Corpus paulino

Hebreos

Capítulo 6

  1. 1

    Dejando aparte el mensaje inicial sobre Cristo, elevémonos a lo perfecto, sin poner otra vez los cimientos, o sea: el arrepentimiento de las obras muertas, la fe en Dios,

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    la instrucción sobre las abluciones, la imposición de manos, la resurrección de muertos y el juicio definitivo.

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    También esto lo haremos si Dios nos lo concede.

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    Pues a quienes fueron iluminados de una vez para siempre, gustaron el don celeste, participaron del Espíritu Santo,

  5. 5

    saborearon la palabra buena de Dios y los prodigios del mundo futuro,

  6. 6

    y, a pesar de todo, apostataron, es imposible renovarlos otra vez llevándolos al arrepentimiento, crucificando de nuevo al Hijo de Dios y exponiéndolo al escarnio.

  7. 7

    La tierra que recoge la lluvia frecuente y produce plantas útiles para los que la cultivan, recibe una bendición de Dios,

  8. 8

    pero si da cardos y espinas, es inútil, está cerca de la maldición, y acabará abrasada.

  9. 9

    Pero, aunque hablemos así, queridos hermanos, en vuestro caso esperamos lo mejor, lo que conduce a la salvación.

  10. 10

    Porque Dios no es injusto como para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes.

  11. 11

    Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra esperanza;

  12. 12

    y no seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido.

  13. 13

    Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no teniendo a nadie mayor por quien jurar, juró por sí mismo,

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    diciendo: Te llenaré de bendiciones y te multiplicaré abundantemente;

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    y así, perseverando, alcanzó lo prometido.

  16. 16

    Los hombres juran por alguien mayor, y, con la garantía del juramento, queda zanjada toda discusión.

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    De la misma manera, queriendo Dios demostrar a los beneficiarios de la promesa la inmutabilidad de su designio, se comprometió con juramento,

  18. 18

    para que por dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante.

  19. 19

    La cual es para nosotros como ancla del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina,

  20. 20

    donde entró, como precursor, por nosotros, Jesús, Sumo Sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec.