Libros sapienciales y poéticos
Eclesiastés
- 1
Cuando lleves un asunto ante Dios, no tengas prisa en hablar ni tomes decisiones precipitadas. Dios está en el cielo y tú en la tierra: sean contadas tus palabras.
- 2
«El exceso de preocupaciones asoma en los sueños, el exceso de palabras descubre al necio».
- 3
Si haces una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, pues Dios no se complace en las promesas necias: cumple lo que has prometido.
- 4
Más vale no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas.
- 5
No permitas que tu boca te haga culpable de nada, ni digas después al mensajero que lo hiciste sin darte cuenta. Dios podría irritarse al oírte y hacer fracasar tus planes.
- 6
Donde abundan los sueños, abundan las vanas ilusiones y la palabrería. Pero tú teme a Dios.
- 7
Si en el Estado ves oprimido al pobre y violados el derecho y la justicia, no te extrañes de tal situación, pues una autoridad tiene otra superior, y por encima de ellas se alza otra suprema;
- 8
y el interés del país en general sería este: un rey al servicio del campo.
- 9
Quien ama el dinero nunca se sacia; quien ama la abundancia no le saca provecho. También esto es vanidad.
- 10
Aumentan los bienes y aumentan los que los comen; lo único que saca el dueño es verlo con sus ojos.
- 11
Duerme bien el obrero, coma mucho o coma poco; al rico la hartura no le deja dormir.
- 12
He observado bajo el sol una grave dolencia: riquezas guardadas que perjudican al dueño.
- 13
En un mal negocio pierde sus riquezas, y el hijo que le nace se queda con las manos vacías.
- 14
Como salió del vientre de su madre, así partirá: desnudo; y nada se llevará de sus fatigas.
- 15
También esto es grave dolencia: tiene que irse igual que vino. ¿Y qué sacó de tanta fatiga? ¡Viento!
- 16
Toda su vida se consume entre tinieblas, disgustos, enfermedades y rabia.
- 17
Esta es mi conclusión: lo bueno y lo que aprovecha al hombre es comer, beber y regalarse en medio de sus fatigas y afanes bajo el sol, durante los pocos años que Dios le concede. Esa es su paga.
- 18
Además, si a un hombre le concede Dios bienes y riquezas y la capacidad de regalarse con ellos, de llevarse su porción y holgarse en medio de sus fatigas, eso sí que es don de Dios.
- 19
No pensará mucho en los años de su vida si Dios le concede alegría interior.