Libros sapienciales y poéticos

Eclesiastés

Capítulo 2

  1. 1

    Luego me dije: «Voy a probar con la alegría y a gozar de los placeres». Pero también esto resultó puro vacío.

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    Llamé a la risa «locura», y dije de la alegría: «¿Qué se consigue?».

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    Exploré atentamente, guiado por mi mente con destreza: traté mi cuerpo con vino, me di a la frivolidad, para averiguar cómo puede el hombre disfrutar durante los contados días de su vida bajo el cielo.

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    Emprendí obras magníficas y construí palacios; planté viñas,

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    huertos y jardines, que llené de toda clase de árboles frutales;

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    construí albercas para regar el fértil soto.

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    Me hice con esclavos y esclavas; tenía servidumbre y rebaños de vacas y ovejas, en mayor número que mis predecesores en el trono de Jerusalén.

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    También amontoné plata y oro, los tributos de reinos y provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de placeres humanos y coperos y reposteros para el servicio de escanciar el vino.

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    Con la ayuda de la sabiduría, llegué a ser más importante y rico que todos mis predecesores en Jerusalén.

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    Concedí a mis ojos cuanto me pedían y no privé a mi corazón de ninguna alegría: este era mi solaz y mi recompensa en medio de mis fatigas.

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    Después examiné todas las obras que había hecho y la fatiga que puse en el empeño, y vi que todo era vanidad y caza de viento. ¡Ningún provecho se saca bajo el sol!

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    Me puse a examinar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que me suceda como rey? Sin duda lo que otros ya han hecho.

  13. 13

    Así observé que la sabiduría es más provechosa que la necedad, como la luz aprovecha más que las tinieblas.

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    El sabio lleva los ojos puestos en la cabeza, pero el necio camina en tinieblas. Sí, pero comprendí que una suerte común les toca a todos.

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    Así que me dije: «La suerte del necio será mi suerte: ¿qué saqué en limpio siendo tan sabio?». Y concluí que hasta eso mismo era vanidad.

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    En realidad, nadie se acordará jamás del necio ni del sabio, ya que en los años venideros todo se olvidará. ¡Tanto el sabio como el necio morirán!

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    Y así aborrecí la vida, pues encontré malo todo lo que se hace bajo el sol; que todo es vanidad y caza de viento.

  18. 18

    Y aborrecí todo el trabajo con el que me fatigo bajo el sol, pues se lo tengo que dejar a un sucesor.

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    ¿Y quién sabe si será sabio o necio? Él heredará lo que me costó tanta fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.

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    Y acabé por desengañarme de todos mis trabajos y fatigas bajo el sol.

  21. 21

    Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia.

  22. 22

    Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?

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    De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

  24. 24

    El único bien del hombre es comer y beber, y regalarse en medio de sus fatigas. Pero he visto que aun esto es don de Dios, pues

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    ¿quién come y goza sin su permiso?

  26. 26

    Al hombre que le agrada le concede sabiduría, ciencia y alegría; al pecador le proporciona la tarea de juntar y acumular, para dejárselo después a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y caza de viento.