Libros proféticos
Daniel
- 1
«Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y con buena salud en mi palacio,
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cuando tuve un sueño que me asustó; las imaginaciones que me vinieron en el lecho y las visiones de mi mente me aterrorizaron.
- 3
Entonces ordené que trajeran ante mí a todos los sabios de Babilonia para que me expusieran la interpretación del sueño.
- 4
Llegaron los magos, astrólogos, adivinos y agoreros, les expuse el sueño, pero no me expusieron su interpretación.
- 5
Finalmente vino ante mí Daniel, cuyo nombre es Baltasar como el de mi dios y en el que mora el espíritu de los santos dioses, y le expuse el sueño:
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—Baltasar, jefe de los magos, puesto que yo sé que en ti mora el espíritu de los santos dioses y que no se te resiste ningún secreto, estas son las visiones del sueño que tuve; dime su interpretación.
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Estando en mi lecho tuve estas visiones: Miré y en medio de la tierra había un árbol cuya altura era enorme.
- 8
El árbol creció y se hizo corpulento; su copa llegaba al cielo y era visible desde todos los confines de la tierra.
- 9
Su ramaje era hermoso y su fruto abundante; tenía alimento para todos. Bajo él buscaban refugio las bestias del campo, y en sus ramas anidaban las aves del cielo; de él se alimentaba todo ser vivo.
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Estaba en mi lecho contemplando las visiones de mi mente, cuando un vigilante, un santo, bajó del cielo,
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y gritó con gran fuerza diciendo: “Derribad el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas y desparramad su fruto; huyan de debajo de él los animales salvajes, y de sus ramas las aves.
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Pero el tocón con sus raíces, dejadlo en tierra, atado con cadenas de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que se empape del rocío del cielo y comparta con las bestias el pasto de la tierra.
- 13
Le será cambiado el corazón de hombre y se le dará un corazón de bestia, y así pasará siete años.
- 14
Por decreto de los ángeles llega la sentencia, y por mandato de los santos la resolución, a fin de que los vivientes reconozcan que el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres; él lo da a quien quiere y eleva hasta el reino al más humilde de los hombres”.
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Este es el sueño que yo, el rey Nabucodonosor, he visto. Tú, Baltasar, expón la interpretación, pues ningún sabio del reino ha podido dármelo a conocer. Pero tú sí que eres capaz, pues en ti mora el espíritu de los santos dioses».
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Entonces Daniel, cuyo nombre es Baltasar, quedó atónito durante un momento y sus pensamientos le asustaron. El rey continuó diciendo: —Baltasar, no te asuste el sueño ni su interpretación. Baltasar contestó: —Señor mío, que el sueño sea para los que te odian y su interpretación para tus enemigos.
- 17
El árbol que viste crecer y hacerse robusto, cuya cima alcanzaba el cielo y era visible en toda la tierra,
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cuyo ramaje era hermoso y su fruto abundante, en el que había alimento para todos y bajo el que se refugiaban las bestias del campo y en sus ramas anidaban las aves del cielo,
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eres tú, oh rey, que te has engrandecido y te has hecho fuerte. Tu grandeza ha crecido y ha alcanzado el cielo, y tu dominio los confines de la tierra.
- 20
Acerca del vigilante y el santo que el rey vio bajar del cielo y decir: «Derribad el árbol y destrozadlo, pero dejad el tocón con sus raíces en tierra, atado con cadenas de hierro y bronce entre la hierba del campo, que se empape del rocío del cielo y comparta con las bestias del campo hasta que pase así siete años»,
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esta es, oh rey, la interpretación, y este es el decreto del Altísimo que recae sobre mi señor el rey:
- 22
Te apartarán de los hombres y vivirás con las bestias del campo, te darán a comer hierba como a los toros y dejarán que te empapes del rocío del cielo; así pasarás siete años hasta que reconozcas que el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres, y que él lo da a quien quiere.
- 23
En cuanto a la orden de dejar el tocón con las raíces del árbol, significa que tu reinado se te mantendrá cuando hayas reconocido que quien domina es el cielo.
- 24
Por eso, majestad, acepta de buen grado mi consejo: expía tus pecados con limosnas, y tus delitos socorriendo a los pobres, para que dure tu paz.
- 25
Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor.
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Al cabo de doce meses estaba paseando por el palacio real de Babilonia,
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y comenzó el rey a decir: «¿No es esta la gran Babilonia que yo he edificado para residencia real, conforme a la grandeza de mi poder y según la gloria de mi majestad?».
- 28
El rey tenía aún la palabra en la boca, cuando vino una voz del cielo: «A ti te hablan, rey Nabucodonosor. Se te ha quitado el reino.
- 29
Te apartarán de los hombres y vivirás con las bestias del campo; te darán a comer hierba como a los toros, y así pasarás siete años hasta que reconozcas que el dominio del Altísimo está por encima del reinado de los hombres y que él lo da a quien quiere».
- 30
Al instante la palabra se cumplió en Nabucodonosor. Fue alejado de los hombres, comía hierba como los toros y su cuerpo se empapaba del rocío del cielo, hasta que el cabello le creció como las plumas de las águilas y las uñas como las de las aves.
- 31
Al cabo de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo; recobré la razón, y bendije al Altísimo, alabé y glorifiqué al que vive eternamente, porque su dominio es un dominio eterno, y su reinado de generación en generación.
- 32
Todos los habitantes de la tierra no cuentan nada ante él; con los ejércitos de los cielos hace lo que quiere, lo mismo que con los habitantes de la tierra. No hay quien resista a su mano y le diga: ¿Qué estás haciendo?
- 33
En aquel momento recobré la razón y, para gloria de mi reino, me fueron restituidos mi majestad y mi esplendor. Mis consejeros y magnates acudieron a mí; fui restablecido en mi reino y se me concedió mayor grandeza.
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Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo porque todas sus obras son conforme a la verdad y sus designios justos, y porque puede humillar a quien actúa con soberbia.