Evangelios
Lucas
- 1
Cuando terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
- 2
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho.
- 3
Al oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado.
- 4
Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas,
- 5
porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga».
- 6
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo;
- 7
por eso tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano.
- 8
Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
- 9
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».
- 10
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
- 11
Poco tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.
- 12
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
- 13
Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores».
- 14
Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».
- 15
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
- 16
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».
- 17
Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.
- 18
Los discípulos de Juan le contaron todo esto. Y Juan, llamando a dos de sus discípulos,
- 19
los envió al Señor diciendo: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».
- 20
Los hombres se presentaron ante él y le dijeron: «Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».
- 21
En aquella hora curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.
- 22
Y respondiendo, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados.
- 23
Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
- 24
Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
- 25
Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales.
- 26
Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
- 27
Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.
- 28
Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».
- 29
Al oír a Juan, todo el pueblo, incluso los publicanos, recibiendo el bautismo de Juan, proclamaron que Dios es justo.
- 30
Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos.
- 31
«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?
- 32
Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: “Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”
- 33
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio”;
- 34
vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.
- 35
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».
- 36
Un fariseo le rogaba que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.
- 37
En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y,
- 38
colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
- 39
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
- 40
Jesús respondió y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él contestó: «Dímelo, Maestro».
- 41
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
- 42
Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
- 43
Respondió Simón y dijo: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Y él le dijo: «Has juzgado rectamente».
- 44
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos.
- 45
Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.
- 46
Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume.
- 47
Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
- 48
Y a ella le dijo: «Han quedado perdonados tus pecados».
- 49
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
- 50
Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».